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No somos ucranianos


Las comparaciones son odiosas. De niño me sacaba la piedra que me dijeran: ¿por qué no puedes ser como fulano que es bueno en matemáticas? Y de adulto también. He dejado de salir con mujeres por haberlo hecho. Roja directa y a las duchas. 
La crisis venezolana y las alternativas para arreglar esta hecatombe social, nos lleva a buscar modelos heroicos y épicos. A los venezolanos nos encanta eso. Un superhéroe, un caudillo, un solo acto de estoicismo y entrega para liquidar la partida, cualquier cosa que resuelva esto ya.
Uno de esos modelos que inundaron nuestras redes sociales desde 2014, es el de los sucesos en el Maidán o Euromaidán en Ucrania. En medio de las protestas de aquel año en nuestro país, veíamos con asombro y admiración aquellas enormes barricadas, calles de Kiev en llamas y a Vitali Klitschko erigiéndose como el gran héroe que mostraban algunos medios como CNN. No tardaron en llegar esas benditas comparaciones entre gochos, valencianos, caraqueños y ucranianos. Por impulso, ignorancia, desespero, frustración o la razón que usted más le guste, comparamos y queremos que esa épica que nos transmitieron desde las redes sociales, se traspolase a nuestro trópico. Pero una vez más, vivimos de ilusiones.
Tuve la oportunidad de ver el documental "Winter on Fire", producido por Netflix, donde nos narran los acontecimientos que tuvieron lugar en Kiev entre el otoño de 2013 y la primavera de 2014. Las diferencias con Venezuela saltan a la vista, incluso, desde mi limitado alcance analítico sobre la sociedad ucraniana. No, no hay comparación. Winter on Fire no puede ser usado como ejemplo para Venezuela. Salvo contados detalles como la solidaridad, el coraje y la unificación de criterios entre la gente, el desarrollo de los acontecimientos previos y posteriores, no nos puede relacionar con ellos.
En el documental, vi algunos aspectos resultantes que enumero a continuación y los contrapongo a nuestro espectro histórico - social:
La sociedad ucraniana viene de un pasado cercano relacionado con guerras y luchas internas desde su independencia en los años noventas. Nosotros, afortunadamente, dejamos esa lucha armada muy atrás.
Estaban muy influenciados, económica e ideológicamente por Rusia en el ámbito político. Quizá se pueda decir que Rusia era a Ucrania lo que es Cuba a Venezuela. Pero con la gran diferencia de que Cuba no ha aportado ni un centavo al desarrollo de Venezuela. Su importancia se ha basado únicamente en establecer estrategias de manipulación para mantener a la élite chavista en el poder.
Basaron su lucha en dos mensajes muy claros y contundentes que calaron inmediatamente en los ciudadanos: La incorporación de Ucrania a la Unión Europea y la renuncia del presidente Viktor Yanukóvich. En Venezuela no tenemos eso y a mi parecer es un grave error que cometemos. Necesitamos un mensaje concreto que sea tangible en la gente, como lo he expresado anteriormente. Pasamos de pedir referendum, a pedir elecciones, a pedir restitución del hilo constitucional, a pedir no más represión, y hoy, a protestar contra el fraude constituyente. Cambiamos de libreto como cambian los DT del fútbol venezolano. Sin ton ni son, bailando al son que toquen desde la agenda que imponga el gobierno con ideas abstractas que necesitan miles de entrevistas, tweets y videos para explicarlas. El mensaje debe ser único, y mantenerlo en el tiempo, independientemente de lo que impongan desde el poder. En mi opinión: Renuncia y fin del socialismo. Y ya.
En los sucesos del Maidán se impuso la antipolítica. Hubo un desconocimiento radical hacia los partidos y sus líderes debido a sus posturas guabinosas. En Venezuela, para bien o para mal, la protesta sigue liderada por ellos. Algo positivo, tomando en cuenta la crisis política que persiste en Ucrania tres años después. Y que debe continuar, porque esto evitará la llegada de otro mesías bolivariano antisistema como ocurrió en nuestro patio en 1998. Se deben fortalecer los partidos y sus liderazgos deben aumentar la empatía y la conexión con el venezolano común, más allá de las oficinas, para que los cambios políticos sean perdurables en el tiempo.
Debemos vivir y desarrollar nuestro propio proceso. Los cambios necesarios pasan por la madurez del ciudadano. Y eso está ligado a la educación y la cultura que exijamos a quienes aspiran al poder. La política es sucia, solamente si los ciudadanos lo permiten y escogen como líderes a quienes, en secreto, conectan con los instintos más primitivos y bajos de las masas. Al final, el futuro siempre estuvo y estará en nuestras manos.