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La rebelión suprema


El supremo acto de rebeldía es contra lo que siempre habíamos considerado normal. La rutina. Lo cómodo. Contra la tiranía de nuestra inmovilidad. Nos resulta mucho más sencilla la existencia cuando todo es predecible, calculado. Cuando no hay ningún imprevisto u obstáculo que salvar. Es como pasar niveles en un videojuego sin quitar a un enemigo de nuestro paso. Da la ilusión de que avanzamos rápido, pero no obtenemos nada, ninguna recompensa. No aprendemos. No evolucionamos.
Todos hemos querido rebelarnos ante nuestros opresores, llamémoslos como queramos. Gobiernos, padres, profesores, jefes, parejas, hijos. Pero siento que, la primera rebelión, la crucial, ocurre en nuestro interior. Es aquella que nos incita a tumbar los muros de nuestra indiferencia por comodidad y el miedo a lo desconocido. La libertad es temible, porque deja todo el destino en nuestras manos. Solos e ignorantes ante un poder delicado e infinito.
¿Cómo rebelarnos ante una tiranía a quienes le aceptamos sus verdades y lenguaje solo por la flojera de cuestionar lo que nos dicen? ¿Cómo romper la cadena de la dependencia emocional con quienes nos prefieren mansos y obedientes a cambio de una ocasional palmada en la espalda? ¿Cómo dejar de ir a un trabajo que odiamos pero que es la única manera segura que conocemos de ganar dinero? ¿Cómo dejamos de enredarnos con quien nos da placer a cambio de nuestra felicidad?
La rebelión suprema va más allá de ponernos una capucha y armarnos de piedras, borrar números telefónicos, meter recuerdos inútiles en una bolsa de basura o meter una carta de renuncia. La primera rebelión es contra nuestra zona de seguridad, nuestro espacio de confort, ese que se siente como un colchón con un resorte salido pero que aceptamos porque es el único que tenemos. No nos engañemos pretendiendo tapar nuestras grietas emocionales que permiten la existencia de los tiranos con soluciones temporales y externas. Los gobiernos tiránicos llegan por las enormes fallas humanas de sus ciudadanos, de la misma manera como llegan parejas y jefes abusivos. Porque no nos queremos ni respetamos lo suficiente ni lo necesario en momentos dados. Culpamos al exterior cuando la mayor parte de la responsabilidad del abuso sostenido, es nuestra.
El primer cuestionamiento debe ser a nuestras creencias, a nuestra rutina, a lo que creemos que está bien. A revisar una a una las fallas de nuestro sistema como quien revisa los planos de la Estrella de la Muerte. Buscando los puntos ciegos de nuestra mente, de nuestra moral, de nuestra humanidad. Para que nunca nos permitamos doblar las rodillas ni bajar la cabeza como súbditos, primero de nuestras debilidades, y luego de quienes gozan de ellas.