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Arte en tiempos de crisis


Dicen por ahí que en los tiempos de crisis, es donde se demuestra quién lleva la verdadera chispa creativa. Muchas invenciones de gran éxito comercial fueron lanzadas en la época de la Gran Depresión que azotó a EEUU en los años 30, tales como el nailon, el zippo, las galletas con chispas de chocolate,el juego de Monopolio, entre otros. Igualmente no dejaron de aparecer artistas, cantantes o pintores.
En Venezuela hemos estado en crisis desde hace doscientos años. Pasamos por algunos periodos de bonanza económica, pero que no terminaron de posicionarnos en la vía al desarrollo.
Siento que a nivel artístico, este asunto ha afectado la producción. No importa cuánto nos jactamos de que nuestro gentilicio es el más ingenioso o creativo para los chistes, o porque producimos memes a una velocidad asombrosa. Hablamos de creaciones más allá de fenómenos digitales y su divulgación.
La creadora de la pintura que ilustra mi primer libro es una gran amiga, y hace muchos meses que no consigue óleo, guache, acuarela, pinceles ni lienzos. Y cuando los consigue es a precios exorbitantes. Hasta hace unos años era común ver adolescentes con guitarras, violines y cuatros en los colegios, practicando en la hora del recreo algunas notas, ya sea para mejorar su técnica o como reforzamiento de las feromonas juveniles, tal como se hacía en mi liceo, pero eso es otra historia. Ahora, apenas vemos algunos practicantes en las calles, con el peligro que les roben el instrumento, o a algún vergonzoso militar se le ocurra romperselo. 
Ni hablar de los que escribimos. Yo tuve que publicar mis dos libros en la plataforma de Amazon porque no hay nadie que me patrocine, ni papel para imprimir. Las editoriales, comprensiblemente, apuestan por lo seguro para generar ganancias. Porque, después de todo, del arte no se vive, a menos que sea negocio. Y nadie quiere perder en su negocio. Hay mucha gente escribendo, documentando, expresando, requemando, pero ya no a través de libro hechos en Venezuela por venezolanos, sino a través de Facebook, Instagram, Twitter y Blogs, aún contando con el peor servicio de internet de toda latinoamérica y uno de los peores del mundo. El legado de chavez.
En cuanto a tecnología, ni hablar. En Noruega, seguramente hay alguien inventando un nuevo sistema de limpieza automática de la grama de los parques o en combustible en base a cotufas desechadas del cine, mientras nosotros debemos inventar métodos para olvidarnos de lo horrible que es tragarse una arepa hecha con masa de yuca o cómo sentarnos en la cola del supermercado para que quedemos bronceados de forma pareja.
¿Quién puede estar pensando en nuevas tendencias literarias y pictóricas con el estómago vacío? ¿Cómo se piensa en solucionar problemas cotidianos  con el estrés de no saber qué comeremos mañana? ¿Cómo se crean canciones si tenemos la incertidumbre de llegar a casa o tener la angustia de que en cualquier momento nos llamen con malas noticias?
Ciertamente, hay productores artísticos, muchos condicionados a subsidios gubernamentales, condicionados a que hablen bien del gobierno o miren para otro lado mientras el país se cae a pedazos. Aunque cada vez hay menos dinero para eso y hasta cantantes emblemáticos del grupo gobiernero, se hayan ido del país (Caso Dame pa' matala). Y también los hay, quienes se mantienen firmes en sus principios e ideas sociales. Pero no es masivo. No se difunde en masa, se nos muere el arte entre lacrimógenas, hambre, falta de medicinas y desempleo.
El arte en crisis es exótico, raro y más excéntrico de lo que normalmente es. Pero sigue aliviando nuestros pesares con letras, colores, formas y notas.