Una revolución congruente


Recuerdo que, cuando estaba en el liceo y en la universidad, a los estudiantes que protestábamos por algo o reclamábamos por algo que creíamos que estaba mal nos decían "revolucionarios". De hecho más de un profesor se nos acercaba para decirnos que eso que hacíamos estaba bien y ,para alentarnos, nos hablaba de gente como alí primera, el ché guevara o fidel castro (para siempre, todos en minúsculas). Es decir, la protesta siempre iba ligada con el hecho de ser de izquierda aunque yo a esa edad no estaba para nada claro de ninguno de esos conceptos.
Luego pasó. Comenzamos a "vivir la izquierda", existir en socialismo. Y ante los hechos debo refutar. No acepto que la revolución, la rebeldía, la protesta sea ligada esa tendencia ideológica cuando en la práctica representa la sumisión total a un partido, una persona o a un grupo de militares, que a su vez son de por sí la anulación total de la razón y el ejemplo vil de la obediencia ciega o bajo amenaza.
Un rebelde no hace formación, no se le para firme a nadie, ni hace filas complacientes.
La revolución es totalmente incongruente con los tipos vestidos de verde oliva. La rebeldía no se lleva bien con las órdenes que da un tipo en TV queriendo decidir por todos. La defensa de la diversidad y los derechos humanos no es compatible con quienes han encarcelado a cualquier persona que no comulgue con los dogmas del poder en cuanto a religión, ideas políticas o tendencia sexual. Incluso si te caen bien. 
La revolución es libertad. La rebelión es el derribo de los muros de contención de los prejuicios. Es un estado mental que se eleva por encima de las barricadas de los obtusos.
La revolución es libertad total. La revolución es cambio, desafiar los dogmas. Pararse y decir ¿por qué esto tiene que ser así siempre, si puede ser mejor?
Revolucionario es creer que los ciudadanos podemos ser libres a través de la educación y no por medio de órdenes, decretos y fusiles. Eso sí es una idea rebelde. Auténtica. Poderosa.