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La cara oculta de la sexualidad masculina


La sexualidad masculina muchas veces es vista como elemental. Sin embargo, en lo referente a nuestras relaciones con las mujeres y si extendemos el tema, con bisexuales y homosexuales, es tan compleja como la existencia en si de todos los seres humanos. Ser masculino no implica que el mismo sea confirmado una y otra vez en cada acción según un parámetro o cliché. Estas expresiones pueden ser tan ambiguas y solapadas que luego de un análisis detallado podrían dejarnos asombrados y sorprendidos.
En este aspecto de la sexualidad y observando ciertos comportamientos masculinos, vemos casos donde el hombre transmite intenciones totalmente contradictorias a lo que verbalmente o socialmente expresa. En el caso de sus relaciones heterosexuales, es bien sabido que se manifiestan conductas agresivas contradictorias cuando se agrede a la mujer, o con acciones busca el alejamiento de la misma a pesar de que, con la misma fuerza, busca su posesión.
Por un lado se maltrata física, verbal o afectivamente a la mujer. Por el otro se le considera sólo un objeto de conquista y pertenencia. En mi opinión personal veo solamente la intención de poseer más que el querer o desear.
Es mas poderosa la sensación de sentirse dueños, de tener poder sobre la vida de alguien. El controlar las variables para que no ocurran sorpresas y cumplir el papel de dominante a la fuerza. Este deseo supera con creces al placer en si mismo. No se comparte una relación. Se domina.
De esta forma muchos buscan compensar sus propias inseguridades. El miedo a no tener nada y quedarse solos los hace querer manipular el entorno a su favor para ser poderosos.
En muchísimas ocasiones se recurre a la descalificación, la manipulación, la mentira y la violencia física o verbal. De la misma forma se hace creer a la mujer que no hay alternativas y que esa es la manera particular de amar de ese hombre. Una vez aceptada esta conducta, la misma se refuerza y se convierte en el principal ingrediente de la relación, convirtiéndola en enfermiza para los involucrados.
Es común que estos mismos hombres busquen reafirmarse a sí mismo en compañía de otros hombres o en otras mujeres. En caso de otras mujeres se hace imprescindible la ausencia del elemento afectivo.
El exceso de machismo es una conducta totalmente misógina y de desprecio a la mujer, también producto de inseguridades y miedos. Se menosprecia y se subestima a la mujer en todos los sentidos y se busca refugio y aceptación en otros hombres. Es en los bares, estadios y casas de los compadres donde ese lado oculto de la personalidad solapadamente muestra su verdadera cara. La mujer no basta. Hace falta otro hombre para satisfacerse, para reafirmar la condición de varón. Esto no es un pecado. Lo es en el momento en que se lastima a otra persona para lograr ésta autosatisfacción.
Están también los que ven con temor la presencia de homosexuales en su entorno. Digo… ¿Cuál es el problema? ¿Temen que se les pegue algo? ¿Se sienten amenazados por lo que potencialmente pueden ser ellos mismos? ¿Sienten incomodidad por alguien que expresó algo a lo que le tienen pánico? La homofobia es un clásico ejemplo de cómo una conducta reprimida se manifiesta como desprecio y hasta con violencia. Es el miedo a ver en cuerpo presente y en un tercero, aquello que se oculta en muchas capaz de seguridad fingida. Si se ven gays en todos lados..¿Y? ¿No es mejor para nosotros los heterosexuales? ¿No es esa la oportunidad perfecta de convertirnos en macho alfa? ¡Dejemos la criticadera y saquémosle el mejor partido! Si somos machos de verdad claro…Recordemos que no es el amor o el deseo que sientan éstas personas lo que daña nuestra sociedad, sino el odio de los que nos sentimos puros e inmaculados.
A todos estos individuos los caracteriza una baja en la autoestima y el no creer en sus propias capacidades para poner en práctica un cambio significativo en sus vidas que los ayude a crecer como seres humanos. Muchas veces este tipo de opiniones acerca de ellos mismos fueron influenciadas por personas significativas para ellas, ya sean padres, familiares, parejas o amigos que emitieron sus veredictos de una manera no empática ni asertiva, lo cual aunado a la poca fortaleza mental y fe en ellos mismos, terminó convirtiéndose en un dogma.
El proceso de convertirnos en hombres no se distingue por la cantidad de vello que nos sale, ni por lo alto que hablemos. Tampoco la cantidad de mujeres que (en muchos casos "supuestamente") conquistamos o llevamos a la cama.
Es un camino de convertirnos en una roca. Un soporte y un apoyo para los nuestros. El convertirnos en fuente de seguridad, de protección y ser proveedores de una positiva calidad de vida.
Es una conversión que va mucho más allá de lo físico y lo evidente. Que trasciende a nuestra naturaleza como humanos y nos proyecta para lograr un equilibrio con nuestro entorno. Otorgándonos una responsabilidad y un papel importante como pilares sociales en nuestros roles cada vez menos estereotipados en el mundo de hoy.