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La Era de los Cyber Div@s


"Tu siempre mientiendome pero igual te necesito"
"Con un dolor de vientre que me tiene… grrrr"
"Yo se que me llamarás"
"Este pollo me cayó tan mal que tengo ganas de vomitar"
"Lista para otra noche inolvidable. Quiero más!"
Al leer estas frases podríamos decir que son fragmentos de conversaciones privadas entre personas con un grado de medio a alto de confianza. Una conversación entre amigos, familiares, parejas. Una tertulia cotidiana o crucial entre individuos que comparten un espacio íntimo y que por la naturaleza de las mismas y el tocar temas sensibles, no son divulgables. Eso ni pensarlo. O al menos eso creíamos hasta hace poco tiempo.
Las frases con las que inicia éste artículo fueron tomadas de Twits, estados de Facebook y nicks de Blackberrys y Windows Live Messenger. Para los asiduos usuarios de dichas redes sociales y aplicaciones, no son extrañas. Forman parte de las actualizaciones cotidianas.
Vivimos en un tiempo donde la tecnología digital nos permite tener la oportunidad de expresar nuestras ideas, opiniones, sentimientos y cualquier cosa que se atraviese en nuestra cabeza o en nuestro camino, más que en ninguna otra época. Es una época donde cada usuario tiene la opción de exponerse más que en alguna otra.
Las redes sociales nos permiten comunicarnos con las personas que conocemos y con las que no. Nos hacemos amigos de quienes nunca hemos visto personalmente y mantener el contacto
con nuestros cercanos. Nos dan la sensación de estar a solo un "ENTER" de distancia y siempre tener a alguien con quien hablar. Incluso llegamos a sentirnos "mudos" cuando por circunstancias y obligaciones nos alejamos de ellas.
Al mismo tiempo eso no sana la sensación de sentirse solos aunque contemos con las herramientas más novedosas de comunicación. Como dice el dicho, se puede ser un solitario estando rodeado de mucha gente.
Las personas comentan éstas intimidades buscando la reacción de quienes puedan leerla. Si se publica algo como: Me siento sol@, no cuento con nadie, el tipo de respuesta que se busca es que alguien de inmediato responda para preguntar que fue lo que sucedió, por qué se siente así y si es el caso, dar un apoyo moral. Lo interesante es lo siguiente: Si la persona que publica ésta expresión se siente de ésta manera, ¿Por qué no buscar un amigo cercano, familiar o su pareja para expresárselo directamente? ¿Es realmente necesario publicar nuestros conflictos familiares o de pareja, o nuestros impulsos más primitivos? Incluso llegan a ser de dominio popular flirteos, conflictos y hasta escenas de celos, auténticos cyber dramas como sacados de cualquier telenovela latinoamericana . ¿No debería ser asunto sólo de los involucrados?
Se podría inferir que estas personas están buscando reacciones en sus contactos, que les pregunten y se interesen en el por qué del mensaje, al no contar con relaciones sólidas que puedan darles esa palabra de aliento en el momento necesario. Al no tenerlas, la alternativa es soltar una frase íntima al aire a ver si por azar alguien la recoge y da la respuesta que se espera.
Se trata también de dar valor nuestra información privada. Hagámonos ésta pregunta. ¿Cuál información es más valiosa, la que posee cualquiera aunque no la use? ¿O la que sólo tienen unos pocos y son importantes para sus vidas?
Al dar importancia y exclusividad a nuestra información personal, nos damos importancia también como personas. Debemos ser cuidadosos de nuestra intimidad para no sobreexponernos a nosotros mismos o a otras personas innecesariamente. Mi propuesta es: Vendamos cara nuestra información para sentirnos más valiosos. Démosle un status de V.I.P. a nuestros asuntos y también automáticamente se lo daremos a nuestros cercanos. Nunca perdamos el control de nuestra información y nuestra habilidad de socialización y comunicación
y el ser llamativos, atrayentes y por supuesto interesantes siempre dependerá sólo de nosotros. Y en cuanto a nuestra necesidad de desahogo, busquemos familiares y amigos solidarios y confidentes, con quienes nos sintamos en libertad de hacerlo libremente y sin complejos.
El gran reto de las tecnologías de comunicación es aprender a darle el uso correcto y evitar el abuso que nos lleve a una sobreexposición. Cultivemos nuestras relaciones, brindemos conversaciones junto con tiempo de calidad y veremos cómo nunca nos faltará con quien compartir nuestras vivencias de manera más significativa.